Especial 2017
Ciudades innovadoras

MEDELLÍN: EL CÍRCULO PAISA

La unión hace la fuerza. Si en los 90’ la comunidad empresarial, política, académica y ciudadana se puso de acuerdo para sacar a Medellín de un destino de violencia y desolación, hoy esta misma gente se propone hacer de ella un polo de innovación capaz de traer nueva prosperidad.

POR JUAN FRANCISCO ECHEVERRÍA, AméricaEconomía Intelligence

A principios de los 90’ Medellín parecía un caso perdido. Arrasada entonces por el narcotráfico, la guerrilla, la contraguerrilla y la corrupción del ejército y la policía, es casi un milagro que en 2013 haya logrado el reconocimiento de ciudad del año, otorgado por Wall Street Journal y Citigroup, y en 2014, ser la ciudad sede del World Urban Forum, organizado por ONU Habitat.

Buena parte del reconocimiento de Medellín estuvo dado por la creatividad de sus autoridades, quienes concentraron sus recursos en resolver de manera creativa los graves problemas sociales de la ciudad, que eran el caldo de cultivo de una situación insostenible. De tal modo la Biblioteca España, una obra de alto valor arquitectónico, enclavada en una de las barriadas más pobres de la ciudad, ahora conectada por el Metro Cable, un innovador método de transporte, se volvió un ícono. “Para los más pobres lo mejor, no lo suficiente o lo simplemente bueno”, dijo en su entonces a AméricaEconomía, Sergio Fajardo, quien empezó esta política en 2004 cuando fue electo alcalde, y quien hoy es gobernador de Antioquia, la provincia de la cual Medellín es capital.

Esta política no solo fue profundizada por los alcaldes consecutivos a Fajardo, sino que fue totalmente respaldada por las universidades de la ciudad, como la de Antioquia y EAFIT, por el Grupo Empresarial Antioqueño, que reúne buena parte de las principales multilatinas colombianas, como Sura, Bancolombia, Nutresa o Argos, que se sumaron a Empresas Públicas de Medellín (EPM) –que es un ejemplo de gobierno corporativo de una empresa pública, y la principal fuente de recursos para financiar la innovación social de la ciudad– en la misión de apoyar financiera y técnicamente una gestión enfocada a la innovación social. Con esto, la misión fue en general respaldada por los actores sociales y la ciudadanía, que hizo propios los objetivos de eliminar los factores sociales que permitían la violencia.

“La crisis económica, política y social que vivimos produjo una fuerte salida de capitales de la ciudad, talento humano calificado y empresas extranjeras, e incluso consulados, lo que nos hizo transitar hacia visión compartida del futuro de la ciudad, en las que confluyeron todos los actores, lo que no fue una salida coyuntural, pues hoy esta conversación continúa y permite que existan los procesos de innovación que se viven hoy”, dice Manuel Acevedo, decano de la Facultad de la Escuela de Administración de EAFIT.

Para Acevedo, la articulación con las universidades ha sido excepcional para el contexto latinoamericano, en el cual la academia y los privados suelen darse la espalda. “Las universidades públicas cumplen haciendo investigación científica relevante para el mundo productivo y formando talento técnico, mientras que universidades privadas, como EAFIT, nos abocamos a desarrollar conocimiento especializado en los negocios”, dice Acevedo.

El switch empresarial

La primera acción notoria del tránsito de la innovación social hacia la empresarial se dio relativamente temprano en el contexto histórico de la ciudad, en 2009, con la creación de Ruta N, la incubadora y aceleradora de negocios de la ciudad. Sin embargo, es tardía para el contexto latinoamericano, considerando por ejemplo que Endeavor empezó su tarea en 1998 en Buenos Aires y Santiago. Es por eso que todavía no hay casos de éxito emblemáticos de start ups que hayan salido al mercado internacional.

“Nuestro principal logro es haber desarrollado un modelo en el que hemos articulado las 456 start ups que incubamos entre 2012 y 2016, con 16 fondos de inversión equivalentes a US $ 580 millones, con 20 mecanismos distintos, financiando todas las etapas, desde el capital semilla, pasando por las redes ángeles, hasta los venture capitals, dice Carlos Jaramillo, director de Ruta N. “Hoy Medellín es la capital del capital de riesgo de Colombia y Ruta N es rentable para la ciudad”, afirma.

Y es sintomático que el principal logro de esta entidad sea de articulación. De hecho el Grupo Sura, el gigante de los seguros latinoamericanos, tiene su sede central en Medellín, y es clave en Ruta N y en todo el ecosistema innovador. “Tenemos alas de inversión directa en Ruta N y apoyamos la evaluación de los proyectos, pero también nos movemos en otros círculos, que están desarrollando fintechs en la ciudad”, dice Catalina Castaño, gerenta de desarrollo organizacional de Sura Seguros.

Otra apuesta importante de articulación de la innovación, está dada por la política de clusters de 2006, que estableció la Alcaldía de Medellín y la Cámara de Comercio de Antioquia, estableciendo instancias público-privada y académicas para desarrollar encadenamientos productivos en los sectores: textil, energía eléctrica, salud, turismo de negocios, construcción y TIC. Según datos de la Alcaldía, esta política de clusters ha implicado aumentar de manera significativa el volumen de negocios, el empleo, la densidad empresarial, los encadenamientos productos y la recaudación fiscal.

Con la apuesta de las start ups en la línea de espera, y la política de clusters en un estado de maduración, la innovación real que sucede en Medellín está dada por su mundo corporativo.

El mismo Sura fue reconocido en 2016 por el World Economic Forum como empresa exitosa basada en la economía colaborativa, por su modelo de innovación llamado WeSura, el que favorece acciones que entregan valor a la compañía, provenientes tanto de sus empleados como de los clientes, escalable a toda América Latina. “Con este modelo hemos logrado, a través de un sistema 100% digital, ofrecer a nuestros clientes seguros colectivos para artículos de alta incidencia de robo, lo que los hace mucho más baratos”, explica Castaño.

EPM es también una multilatina innovadora, no solo porque entrega los recursos de innovación social que requiere la ciudad o porque innove en la entrega de sus servicios pensando en rentabilidad social. Además, esta empresa ha desarrollado una cultura de innovación que la ha llevado a ser más rentable. Por ejemplo, a través de proyectos de ahorro energético, como el de procesamiento de aguas servidas al norte de la ciudad, del cual se extrae biometano, el que se integra a la matriz energética de la ciudad, matando dos pájaros de un tiro y obteniendo ingresos por US $ 600 millones.

También es el caso de Argos. Esta cementera multilatina, desarrolló un cemento más resistente y flexible, el cual fue probado en uno de los puentes de la universidad EAFIT, donde tienen un centro de innovación en conjunto con ésta casa de estudios. Esta alianza les permitió crear un “método y dispositivo para medir los cambios volumétricos en una sustancia clave del compuesto”, lo cual hoy está patentado en Japón, y prontamente en Estados Unidos y Europa. “La propiedad intelectual es un tema emergente y se ha dinamizado en los últimos cinco años, que dan cuenta del cambio cualitativo que experimenta Medellín y de la alianza que existe entre universidad y empresa, representados en ese puente y el dispositivo de medición”, dice Adriana García, directora de Innovación de EAFIT.

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