Especial 2017
Ciudades innovadoras

BOGOTÁ: LA URBE SE PONE AL DÍA

Pese a que la capital colombiana partió más tarde, dada su historia reciente, poco a poco, la innovación empieza a germinar en la forma de una pléyade de start ups enfocadas al usuario final, innovación abierta en el mundo corporativo e industrias creativas.

POR JUAN FRANCISCO ECHEVERRÍA, AméricaEconomía Intelligence

Cuando Alex Torrenegra abrió la primera incubadora de negocios de Bogotá era toda una excentricidad. Era el año 2001, y los efectos de la violencia y el narcotráfico eran todavía el pan de cada día, por lo que pensar en emprender parecía un despropósito, aun cuando las principales ciudades latinoamericanas ya habían empezado estos procesos, algunas con diez años de ventaja, como Santiago o Buenos Aires.

Pero la vida siguió, y poco a poco, la pacificación de Colombia comenzó a permitir el florecimiento de nuevas cosas. En 2005, se modernizó la zona franca, haciéndose atractiva para empresas tecnológicas, y en 2006 llegó Endeavor. Wayra de Telefónica, lo hizo en 2011 y el gobierno creó InnPulsa, una incubadora de negocios, en 2012.

Hoy, parece un milagro que Bogotá tenga las condiciones para convertirse un hub de innovación, al menos, que esto suceda tan pronto. Pero las tiene por varias razones.

La primera es porque se han desarrollado comunidades de emprendedores, que cuentan con espacios de cowork, como ImpactHub, y que han creado start ups exitosas, especialmente enfocadas en el comercio B2C, en la forma de apps, destinadas a satisfacer el mercado colombiano (dicho de otro modo, sin grandes aspiraciones de internacionalización). Un ejemplo de ello es Hogaru, una plataforma que conecta la oferta y demanda de trabajo doméstico, que trabaja sobre uno de los mercados laborales más arquetípicos de América Latina. También existe una fuerte presencia de start ups enfocadas a e-Education, como Platzi, la que ofrece cursos de programación, diseño y marketing para desarrollos en internet, la cual ha logrado internacionalizarse.

También existe una incipiente comunidad de líderes de innovación en el mundo corporativo, la cual está desarrollando procesos de innovación abierta, en especial en las multilatinas colombianas. “Los ejecutivos ligados a la innovación corporativa nos conocemos todos, pues vamos a las mismos eventos, conversamos frecuentemente sobre nuestro quehacer y compartimos nuestras experiencias”, dice Carlos Zambrano, gerente de Innovación de Terpel. “Es importante hacerlo, aunque eventualmente compitamos”, reconoce. Además, es una capa de ejecutivos altamente calificados que cuenta con varios extranjeros con trayectorias fuera de Colombia. “Te los encuentras en las calles y los restaurantes, por lo que se siente un aire de mayor apertura”, dice Rafael Vesga, profesor de emprendimiento e innovación de Uniandes.

Avianca, Terpel, Grupo de Energía de Bogotá, Almacenes Éxito y Davivienda. Todas estas compañías han abierto unidades de innovación y desarrollan procesos de innovación abierta. Aunque muchas veces son reticentes a contar proyectos específicos, pues se trata de algo así como secretos industriales, tienen a la innovación incorporada en sus estrategias. En el caso de Davivienda, es crítico aumentar su cartera, por lo que bancarizar es una misión clave. Por eso, en un proceso de innovación abierta, el banco desarrolló una metodología mediante la cual empleados y agentes externos, identificaran problemas, oportunidades y soluciones. Gracias a este método, se elaboró el proyecto Tecla Casita Roja, una aplicación a ser usada en redes sociales que promueve la bancarización que se lanzó este año. “Producto de un proceso sistemático de innovación interno, hace tres años trabajamos con las universidades y con instituciones de gobierno, lo que nos lleva a tener una certificación del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias) por nuestras prácticas altamente innovadoras”, dice Oscar Rodríguez, vicepresidente de Innovación del Grupo Bolívar, al cual pertenece Davivienda.

El rápido avance de Bogotá también se explica porque la ciudad, pese a los peores años de violencia, nunca dejó de tener buenas universidades, las que año a año gradúan a 140.000 profesionales, de los cuales 36.000 son posgraduados, contando con un creciente grupos de I+D, que a la fecha suman 1.685 (40% del país). “De las 134 casas de estudio superiores de la ciudad, un 27% de las universidades del país, 6 de ellas están en el ranking QS: U. Nacional de Colombia, U. de los Andes, U. Externado de Colombia, Pontificia U. Javeriana, U. de la Sabana y la U. del Rosario”, dice Juan Gabriel Pérez, director de Invest Bogotá, el organismo a cargo de convencer a inversionistas internacionales de que inviertan en la ciudad. “El aporte de las universidades sientan las bases para poder desarrollar cualquier proyecto de innovación desde Bogotá”, dice Pérez. “De todos modos estamos rezagados”, dice Vesga de Uniandes, en especial en materia de transferencia tecnológica y patentes. “Sin embargo, se percibe mayor preocupación en los últimos años, por lo que han ido mejorando poco a poco los indicadores”, dice.

Cuando habla el dinero

Quizá el dato que mejor interprete el estadio de desarrollo de Bogotá en materia de innovación sea el volumen de venture capital invertido. Según la Asociación Latinoamericana de Private Equity y Venture Capitals (LAVCA, por sus siglas en inglés), la capital colombiana levantó US $ 55 millones entre 2011 y 2015. Una cifra modesta, comparada con Santiago (US $ 172 millones) o Buenos Aires (US $ 256 millones), pero que muestra actividad telúrica.

“La innovación no se da si no hay inversión, pero en el caso de las start ups, esta además tiene que ir acompañada de consultoría y mentoría”, dice Isabel Muñoz de ColCapital, un gremio que representa a los fondos de capital privado, que tiene nueve fondos de venture capital para apoyar a empresas con potencial disruptivo en etapas más tempranas. “Y eso está empezando a pasar en Bogotá”, dice respecto a lo que hace ColCapital, pero también una serie de nuevos venture capitals, algunos colombianos, otros subsidiarias de venture capitals extranjeros, que empiezan a poblar los recientemente construidos rascacielos de la capital colombiana.

Sin embargo, Muñoz señala que hay barreras institucionales para el desarrollo de este tipo de inversión. Dado que el sistema financiero se debió proteger del lavado de dinero del narcotráfico, “tenemos una regulación muy robusta, pero que hoy se adecua bien solo para inversionistas institucionales, como fondos de pensión, financieras o corporativos”, dice.

Para Muñoz, sin embargo, el Gobierno no es un problema y puede encontrarse una solución en él, pues “tiene un compromiso claro con generar las condiciones de la innovación, por lo menos desde que se creó el Ministerio de Tecnología de la Información y las Comunicaciones en 2009”.

De este modo el capital comienza a tener sabor colombiano en Bogotá, es el caso de Zinobe es una plataforma de microcréditos de corto plazo creada en 2011 con un capital propio de US $ 100 mil entre los tres socios de la compañía y estos últimos años han levantado US $ 4 millones. Entre sus servicios tiene la oferta de préstamos por un mes entre US $ 40 y US $ 250, los que se otorgan a las personas según una serie de consideraciones de análisis de riesgo, que incluyen la presencia en redes sociales. La gracia, es que ofrecen una alternativa segura a las prenderías colombianas, casas de empeño enclavadas en barrios populares que suelen cobrar intereses usureros y que tienen métodos de cobranza intimidatorios. Según el co-fundador Martín Schrimpff, “en 2016 tuvimos 310 mil solicitudes, de las cuales 160 mil fueron aprobadas, con una tasa de morosidad muy baja de 6%, lo que nos permitió duplicar nuestra rentabilidad”, cuenta Schrimpff.

“El problema social presente, la penetración creciente de internet, y la persistencia de nuestra idea, nos llevaron a crear algo nuevo aquí en Bogotá y para toda Colombia, de lo que estamos orgullosos”, dice.

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