La economía no es tan difícil. Son los principios de mi abuelita y de mi mamá: ahorre, no gaste más de lo que tiene, invierta bien, cuide bien la despensa. Cuando los gobiernos se comportan con esos principios básicos, mantienen una palabra que se llama reputación. Mi negocio es credibilidad; el agua que usted le echa a esta plantica que es la economía es credibilidad.
Lo que está pasando en Europa y Estados Unidos es que descuidaron lo fiscal y lo financiero y eso generó la crisis. ¿En Colombia qué estamos haciendo? No descuidar lo fiscal ni lo financiero, de manera que evitemos las crisis económicas, y logremos así disminuir pobreza y aumentar empleo.
El día más feliz del gobierno Santos fue cuando el desempleo bajó a un dígito. Era la meta más importante que yo tenía. Ahora la meta es que en cada mes tengamos menos desempleo que el mismo mes del año anterior. El segundo día fue cuando aprobamos la ley de Regalías, mi proyecto estrella. Cambiamos la Constitución para repartir la mermelada en toda la tostada, siendo la mermelada las regalías del petróleo y el carbón y la tostada, 45 millones de colombianos. Sólo uno de cada cinco las recibían, ahora todos vamos a recibirlas.
Colombia es un país muy desigual entre regiones y es importante que el Estado se vuelque sobre las zonas más pobres del país. Cuando nos llegó la bonanza minero-energética, lo primero que dijimos es que íbamos a ahorrar el 40%, y el 60% gastarlo bien entre todos los colombianos.
La ola invernal. Hemos tenido tres desde septiembre del año pasado, que nos van a costar cerca de US$ 10.000 millones. ¿Cuál ha sido la virtud? Que hemos manejado ese pago sin afectar la deuda de la nación ni el plan financiero, subiendo impuestos y cambiamos prioridades. Además hicimos una reforma tributaria que nos dio muchos recursos. Es un año en que hemos tenido caja.
Sí, y va a seguir así. Yo les he dicho a los bancos: ustedes que tenían una adicción a los títulos del gobierno, ahora préstenle al sector privado, porque el gobierno cada vez va a emitir menos. La idea es bajar el nivel de deuda del 30% neta que estamos ahora al 20% al terminar la década.
Lo tenemos como una ley que debemos pasar al Congreso en marzo próximo. El Congreso ha sido bastante suspicaz y con razón. Nos dicen, “si Ecopetrol es tan rentable con los actuales precios del petróleo y vamos a producir más de un millón de barriles al día de petróleo, ¿para qué lo venden?” Es una buena pregunta, pero hemos pensado que hay muchas obras que hacer en Colombia, que son muy rentables socialmentemente. Y económicamente también. Hablamos de vías, ferrocarriles, puertos y aeropuertos.
Que no vamos a depender de las ideas únicamente de los burócratas como yo. Vamos a generar un inmenso semillero de ideas del sector privado, y esas ideas se pueden volver realidades a través de asociaciones público- privadas. Es una forma ambiciosa de replantear las concesiones en Colombia atrayendo capital humano y físico del sector privado.
A veces ir al Congreso es como ir al odontólogo, y a veces es como ir a un partido de fútbol. Cuando está lloviendo y está bien embarrado y le dan a uno patadas, pero metió el gol y ganamos 1-0. A mí, en la Cámara, me dicen el arriero, porque los proyectos más difíciles los he ido pasando a punta de arriería. El Congreso es la parte que más me gusta de mi trabajo, porque los congresistas son el sistema nervioso del país. Yo tengo tres claves para ir al Congreso: respeto, respeto, respeto.
Yo tengo un mantra. Lo macro es básicamente fiscal, pero lo fiscal es básicamente micro. Los problemas macroeconómicos se solucionan muchas veces en la parte fiscal. Si el gobierno tiene sus cuentas cuadradas lo macro es fácil, pero curiosamente son puras leyes micro las que arreglan lo fiscal.
A mí me gusta Hayek. Ahora estoy leyendo una biografía de Alfred Marshall, The Great Pursuit, y he descubierto que soy “marshaliano”. Pero tengo una biografía de Keynes en mi mesa de noche. De los nuevos, Lucas es el que más me gusta. En todo caso, los economistas sabemos tanta economía como crisis económicas hemos vivido, a mí me han tocado tres.
Para el otro año está planteada otra reforma tributaria, y la promesa de Santos fue no subir impuestos.
Lo que queremos hacer es bajar las tarifas, que todo el que tenga que pagar pague. Uno no debe hacer reformas tributarias hasta que no esté cobrando todos los impuestos que la ley le obliga a cobrar, y en Colombia hay una cultura de no pago.
“Yo tengo un mantra. Lo macro es básicamente fiscal, pero lo fiscal es básicamente micro. Son leyes micro las que arreglan lo fiscal.
Ahorrar. La incertidumbre que puede venir de Europa es muy grande y es importante que las empresas, las familias y el gobierno tengamos caja. Segundo, acabar las reformas tributarias, de pensiones, inclusión financiera. Tercero, mantener el desempleo en descenso y empleo en ascenso, y seguir consolidando a Colombia como un imán de inversión a nivel internacional.
La gratuidad no es un fin ni deseable ni posible, la educación se la financia uno mismo. Yo me eduqué con ICETEX (institución estatal que presta para educación superior), y los estudiantes no pueden pretender que sea gratis, salvo en el paraíso terrenal donde estaban Adán y Eva.
Uno no pelea, conversa, pero va a ser otro partido con mucho barro y mucha patada.
La minería y vivienda están creciendo a más 10%; la construcción de infraestructura por fin arrancó y está creciendo a más del 20%; en agricultura nos golpeó mucho la ola invernal, sobre todo en café, pero esperamos que crezca también. En educación, ciencia y tecnología, van a tener recursos de regalías.
Usted es el ministro más cercano a Santos. Su oficina está justo al frente del Palacio Presidencial…
No sé si seré el más cercano, pero si venimos de muy lejos. Él y yo somos como Valderrama y Redin (dos jugadores de fútbol locales) que se hacían los pases casi sin mirarse.