Especial
Ministros de Finanzas

El año de Colombia

La gestión de las finanzas públicas de Colombia destacó en un año en que la percepción general sobre la gestión macro de América Latina sigue al alza. AméricaEconomía Intelligence, ilustraciones Patricio Otniel

El colombiano Juan Carlos Echeverry, el ministro de Finanzas de Colombia, el tercer país más populoso de América Latina, dice que su consejero económico más importante es su abuelita. “Siempre menciono a mi abuelita en todos lados”, dice. “Ella es de las que mejor practican principios económicos aprendidos hace más de cinco mil años: ahorre, no gaste más de lo que tiene, invierta bien, cuide la despensa”. Y es que este economista con PhD de la New York University, ex académico, ex consultor, ex director de empresas y ex principal asesor económico de la campaña electoral de Juan Manuel Santos, ha podido comprobar directamente la relación entre los principios de la abuela y lo que él define como el principal objetivo de su función: la reputación. “Muchas veces me he preguntado ¿cuál es mi negocio como ministro de Hacienda? Mi negocio es la credibilidad; el agua que usted le echa a esa plantica que se llama economía es la credibilidad”, dice Echeverry.

Carrusel con Ministros

De ser así, la planta de la economía colombiana ha tenido abundante agua durante 2011. En los meses de mayo y junio, la deuda soberana de Colombia recibió calificaciones de grado de inversión de las tres mayores agencias de crédito del mundo -Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch Ratings- dejando atrás los adjetivos de bonos basura que habían tenido por más de una década. En medio de una complicada coyuntura global, en que los riesgos soberanos de grandes economías del planeta han tendido a empeorar, los mercados internacionales pasaron a considerar a los papeles colombianos con una probabilidad mínima de default, con lo cual el Estado colombiano reduce fuertemente sus costos de endeudamiento, y le sda acceso a inversionistas institucionales que están restringidos en sus opciones de inversión.

En esto ha sido fundamental la percepción de estabilidad política que ha traído la gestión del presidente Juan Manuel Santos. Este ha avanzado en aspectos fundamentales, como reducir los conflictos políticos externos, avanzar en la estabilidad política interna y en iniciar “una agenda de reformas que promueven la predictibilidad de las finanzas públicas y la trayectoria de crecimiento del país”, tal como afirma Fitch Ratings. De paso, la firma del Tratado de Libre Comercio de Colombia con Estados Unidos fue un trabajo de liderazgo que finalmente destrabó una de las mayores apuestas en política comercial y que, de paso, trae más agua a la “plantica” colombiana. Si bien esta frondosa especie no muestra las tasas de expansión más altas de América Latina, es de las pocas que exhiben una tendencia contracíclica: el 2010 creció en 4,3% y, en 2011, en torno al 4,9%. Todo ello en un mundo que ha tendido a desacelerarse arrastrado por las grandes economías del Hemisferio Norte.

Por ello, no es casualidad que los más de 70 economistas latinoamericanos entrevistados por AméricaEconomía hayan votado preferentemente por Juan Carlos Echeverry como el Mejor Ministro responsable de las finanzas públicas de América Latina. Para elegirlo, se les pide a destacados profesionales de América Latina que evalúen la gestión de los ministros durante el año de acuerdo a las siguientes variables: fortaleza institucional del ministerio (liderazgo, credibilidad, efectividad legislativa), estabilización de la economía y promoción de políticas y reformas que fomenten el desarrollo. Además, se les solicita que evalúen a los ministros de acuerdo a su perfil profesional y a los resultados macroeconómicos alcanzados por el país.

Una conclusión del estudio de este año es que hay una tendencia general a que la gestión económica de América Latina siga mejorando en términos generales. En un mundo en que las economías centrales no logran estabilizar sus finanzas ni sus tasas de crecimiento, América Latina forma parte de un mundo emergente que crece y cuyo aporte a la economía global se torna cada vez más relevante.

Para esto han sido fundamentales los procesos desarrollados durante los últimos años, los que han logrado ordenar las cuentas públicas de nuestros países, disminuir la fuga de capitales y aumentar la circulación de divisas tanto a nivel intrarregional como con Asia, la región más dinámica del orbe.

En las cinco ediciones de este ránking elaborado por AméricaEconomía Intelligence, es la primera vez que el premio recae en un secretario de Estado colombiano. En las versiones anteriores habían sido premiados un peruano (Luis Carranza en 2007), dos chilenos (Andrés Velasco en 2008 y Felipe Larraín en 2010) y un brasileño (Guido Mantega en 2009).

Una sorpresa de la edición de este año del ránking es que el segundo y tercer lugar recaen en dos países cuyos gobiernos tienen un sello de izquierda, y de los cuales hubo mucho temor por parte de los mercados al momento de asumir sus funciones.

Esa es parte de la historia de Fernando Lorenzo, el ministro de Economía y Finanzas de Uruguay, quien asumió junto a su jefe, el ex guerrillero José Alberto Mujica, en marzo de 2010. El panel de economistas percibe que la economía uruguaya ha avanzado mucho en promover el crecimiento y el desarrollo institucional. Otro factor relevante es que el panel de expertos premia a los ministros que lo hacen bien en contextos políticos singulares, como podrían serlo gobiernos con tendencias populistas, en los cuales una gestión económica sana se complica. Lorenzo ha sido, de hecho, el ministro de Mercosur que más se ha preocupado de las tendencias proteccionistas que han mostrado sus dos mayores socios, Brasil y Argentina, debido a la crisis global.

Perú mantiene el rumbo

Le sigue en el tercer lugar el ministro de Economía y Finanzas del Perú, Luis Miguel Castilla. El sobreviviente más relevante del último cambio de gabinete del presidente Ollanta Humala ha sido un protagonista relevante de la (sorprendentemente) buena relación que ha logrado mantener Humala con la clase empresarial peruana en estos primeros seis meses de gobierno. Si bien hubo mucho temor por parte de los mercados al momento de asumir el nuevo gobierno, al que se le endosaba que podría seguir un estatismo similar al venezolano, Castilla, quien trabajó en distintos momentos en la secretaría económica durante el gobierno de Alan García, ha logrado articular un discurso que permite conciliar los intereses del mercado con los del electorado que llevó a Humala al poder. En sus apariciones públicas ha demostrado que pertenece al sector de economistas pro-redistribución, pero que tiene conciencia de que los “gustitos ideológicos” son caros para la hacienda pública y la reputación internacional.

Es la primera versión del ranking que no lleva un brasileño o un chileno en primer lugar. El lugar de colombia fue de consenso. La sorpresa la dieron uruguay y perú, con gobiernos de izquierda con gestión económica sana.

Esta edición del ránking es la primera que no lleva a un chileno o a un brasileño entre los primeros tres lugares. Los economistas entrevistados para este estudio siempre han considerado que Chile es el lugar que presenta las mejores condiciones para ejercer una buena gestión en las finanzas públicas. No obstante, este año, el economista Felipe Larraín, primer lugar de 2010, tuvo una caída de tres lugares. El argumento central detrás de esta evaluación es que el ministro habría perdido el rol de liderazgo en la agenda económica del país. Los diferentes conflictos políticos que sacudieron a Chile durante el año pasado tuvieron, como correlato, a un ministro poco proactivo y cediendo su lugar en defensa de la solvencia de la economía chilena a otros líderes con agendas más políticas. El caso más claro es la rivalidad que ha tenido con el ministro de Economía ,Pablo Longueira, un político de fuste, y que ha logrado imponer una serie de temas que en algunos casos pueden ir incluso en contra de los objetivos de Hacienda.

Nadie ve un temor sobre los fundamentos de la economía de este país y algunos observadores señalan que el clima político actual puede traer reformas positivas al modelo chileno, el cual no siempre es visto con una cara amable por el resto de los países latinoamericanos. No obstante, la gran mayoría coincide en señalar que el ministro de Hacienda se desperfiló frente a lo que había hecho en 2010, en un país en que muchas veces el ministro de Hacienda cumplía funciones equivalentes a las de un jefe de gabinete.

Brasil con inercia

La caída del brasileño Guido Mantega obedece a un cariz distinto. El jefe económico de Dilma Rousseff es la principal garantía de que las políticas económicas de Lula se mantendrían bajo el nuevo gobierno. Posiblemente ésa es también su principal debilidad, pues la percepción en torno al ministro es que ha sido débil en impulsar reformas adicionales que Brasil necesita para fortalecer su macroeconomía, que sigue presentando las tasas de interés más altas del mundo, y que ya no había impulsado durante el gobierno anterior. Algunos economistas le atribuyen también una reacción muy tardía para enfrentar la actual coyuntura global, y que no ayudó a un desempeño contracíclico. De hecho, Brasil cierra los últimos trimestres de 2011 con un crecimiento cero de su economía, lo que le implicará cerrar el año con un frustrante 2,9% de expansión, frente al 7,5% conseguido en 2010.

Además, Brasil podría estar enfrentando un cuello de botella comercial para los años que vienen. “Brasil ha desarrollado una fuerte relación comercial con China, reduciendo significativamente el comercio con Estados Unidos y Europa”, dice Vanessa Corrêa, directora de estudios y políticas macroeconómicas del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), de São Paulo. “Si bien en el corto plazo esto ha sido positivo para enfrentar la crisis, debido a la menor dependencia de economías que hoy se encuentran estancadas, nos produce un problema importante que es la excesiva dependencia de una sola economía”. Un escenario no muy optimista cuando se espera un enfriamiento de la economía china en los años que vienen.

De todos modos, Brasil es Brasil y como dice Jorge Errázuriz, presidente del banco de inversiones Celfin, el mayor de Chile y el cual fue adquirido recientemente por el gigante brasileño BTG Pactual, la economía brasileña tiene una fortaleza tal “que logra crecer con tasas de interés que al resto de los países los tendrían detenidos”.

A mitad de tabla

Los dos ministros que le siguen son los jefes de finanzas de dos economías altamente consideradas en América Latina, la de México y Panamá, pero que presentaron recientemente cambios en los nombres de sus titulares, y llevan muy poco tiempo para ser evaluados con equidad por el panel de economistas. El secretario de Hacienda y Crédito Público de México, José Antonio Meade, un abogado doctorado en economía en la Universidad de Yale, que asumió en septiembre del año pasado, luego de que su antecesor, Ernesto Cordero, renunciara para asumir una precandidatura para presidente por el oficialista PAN. Si bien la gestión de Cordero implicó un avance institucional muy relevante para la secretaría mexicana, su salida obliga a tomar en cuenta un hecho: Felipe Calderón ha tenido que nombrar a tres personas en el cargo durante su gestión, atentando contra la estabilidad de esta cartera.

Similar es el caso del ministro de Economía y Finanzas de Panamá, Frank de Lima. Asumió en el cargo el 1 de septiembre pasado, luego que renunciara el banquero Alberto Vallarino, en un contexto de fuertes conflictos al interior del gobierno y que llevó a la ruptura de la alianza de centroderecha que gobierna el país.

Los que avanzan

Interesante es la evaluación del ministro boliviano Luis Arce, un economista con maestría en la Universidad de Warwicky (Reino Unido) y funcionario de toda la vida del Banco Central de su país. El hombre de los números de Evo Morales combina una buena percepción en la gestión macroeconómica (con crecimiento y acumulación de reservas), aunque contradictoria en el impulso de políticas que fomenten la inversión y el desarrollo comercial. Es una curiosa mezcla de populismo y rigor macro, que no ha sido emulada por ninguno de sus colegas bolivarianos.

Más abajo están los ministros de Hacienda que reciben evaluaciones menos elogiosas (cuando no negativas) por parte del panel de economistas consultado por AméricaEconomía. Son, la mayoría, ministros de países de Centroamérica y el Caribe, con un par de sudamericanos del eje bolivariano. Hay que reconocer, sin embargo, algunos posicionamientos interesantes, como el que logró el dominicano Daniel Toribio, que tomó la economía de su país en una curva ascendente y muestra un buen índice de estabilización.

Impulsado por los buenos precios de las materias primas y la modificacion de los contratos de exportacion de energía eléctrica a Brasil, los números de Paraguay han resultado descollantes en el contexto regional, encumbrando los resultados macroeconómicos y la gestión de Dionisio Borda. Más parsimoniosos son los del costarricense Fernando Herrero, quien ya se había desempeñado en la cartera anteriormente a mediados de los años noventa del siglo pasado. Como muchas administraciones ticas, la de Laura Chinchilla ha resultado más bien reacia a las reformas.

Si bien todos reconocen el crecimiento económico de Argentina durante los últimos años gracias a convenientes términos de intercambio, al argentino Amado Boudou le sindican un débil desarrollo institucional y una baja capacidad de promover políticas y reformas que den sostenibilidad al crecimiento. Boudou ha sido funcional a la singular heterodoxia económica que ha impuesto Cristina Fernández (y antes de ella su marido) en Argentina: la economía está supeditada a la política, y ésta, a la generacion de empleo y la entrega de subsidios a los consumos básicos. La inflación y otros desequilibrios macros resultantes serían considerados “daños colaterales” en un país que, desde 2001, prácticamente no tiene un mercado financiero acorde con su tamaño.

El nicaragüense Alberto Guevara también merece cierto crédito. Sin ser descollantes, los números de este militante del sandinismo, confirmado en su cargo para el segundo gobierno de Daniel Ortega, superan con creces los de otros ministros centroamericanos, lo que es una buena noticia para este país habitualmente castigado por la naturaleza y la inestabilidad política.

El ministro ecuatoriano Patricio Rivera quedó como uno de los peor evaluados de Sudamérica. Este economista, el mejor egresado de su generación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y con una maestría en Flacso, ha sido criticado desde varios frentes. Pese a ello, los resultados macroeconómicos de Ecuador no son malos.

Los castigados

Luego viene una seguidilla de funcionarios que enfrentan la pesada tarea de llevar las finanzas públicas en países habitualmente castigados por desastres naturales, con bajos índices de fortaleza institucional y cuyos resultados macroeconómicos son, como resultado de todo ello, bajos o bajísimos. Es el caso del salvadoreño Carlos Cáceres, el banquero que ha llevado las finanzas durante el gobierno de Mauricio Funes; del hondureño William Chong y del guatemalteco Alfredo del Cid. Hijo de inmigrantes, ex catequista y ex director de impuestos internos de Honduras, Chong no ha logrado sacar al país de su rezago. Del Cid, por su parte, ha sido el tercer ministro de Hacienda de la turbulenta presidencia de Álvaro Colom.

El que recibe la evaluación más dura, no obstante, es el ministro “del Poder Popular” de Planificación y Finanzas de Venezuela, Jorge Giordani. A este dominicano de nacimiento, hijo de combatientes de la Guerra Civil Española, se le atribuyen responsabilidades en el menor desarrollo institucional de la gestión económica de Venezuela, la menor transparencia, la promoción de políticas que inhiben la inversión y la creación de riqueza, el asentamiento de una economía cada vez más dependiente del precio del petróleo y las decisiones del Estado. Es el ministro que recibe la peor calificacion del panel en perfil personal. ¿Será el celo de los economistas ante un ingeniero eléctrico formado en la Universidad de Bolonia (la más antigua de Europa)? La verdad es que el crecimiento negativo, la alta inflación y los índices de estabilización bajísimos confirman que los números están en contra de Giordani, el hombre de la billetera proablemente más generosa y politizada de la región.

Todos estos ministros tendrán que hacer frente a un año de alta incertidumbre internacional, conjugada en ciertos casos con movilizaciones sociales que presionarán la caja fiscal desde lo político. Será el caso especialmente de Chile y Perú. Otros enfrentarán años electorales, la prueba de fuego para un ministro de Hacienda.

Un factor que se mantiene y que obliga a mirar las cifras macroecómicas de la región con cautela: la percepción general sobre la gestión de las finanzas públicas de América Latina ha mejorado, pero muestra una enorme dispersión de resultados al hacer un análisis con lupa. Se trata de un elemento que sigue complicando las aspiraciones regionales de posicionarse integradamente en el mundo.

El Ministro de lo Micro

Juan Carlos Echeverry

En la mesa de juntas del despacho del ministro de Hacienda de Colombia, Juan Carlos Echeverry, hay dos relojes de arena y un árbol de navidad hecho por uno de sus hijos. Con 49 años, Echeverry tiene un presupuesto de US$ 90.000 millones, pero dice manejar la economía colombiana como su abuela y su madre lo hacían con las finanzas domésticas. Se siente en el Congreso como en una cancha de fútbol.

Prometió renunciar si no bajaba el desempleo a un dígito en 2011 y, hasta el momento, lo está logrando. El último trimestre del año Colombia creció un 7,7%, el nivel más alto en los últimos cinco años. Y en medio de la incertidumbre financiera global.