Lagunas y verdes prados donde deambulan gansos silvestres, calles impecables y bien señalizadas, edificios de cristal de donde entran y salen científicos, programadores e investigadores hablando en distintos idiomas. ¿El Silicon Valley? No, se trata de Zonamérica, un parque tecnológico ubicado en las afueras de Montevideo, Uruguay.
Su articulador es Orlando Dovat, un contador graduado de la Universidad de la República, con años de experiencia en el sector farmacéutico y portuario. El proyecto Zonamérica Business & Technology Park partió en 1990 como Zona Franca de Montevideo.
Tras obtener los permisos, financiamiento y aportes de capital de la Corporación Interamericana de Inversiones del BID, comenzó a operar dos años más tarde como un conjunto de galpones industriales. Pero el Mercosur cortó de raíz el reconocimiento de origen a las zonas francas, lo que los obligó a reinventarse.
En un país marcado por las regulaciones y una forma cansina de hacer negocios, Dovat se ha destacado por articular una plataforma orientada exclusivamente al mercado internacional. Es un negocio de arriendo de infraestructura ad hoc a precios competitivos, con un paquete de servicios que incluye, por ejemplo, anchos de banda adecuados y un régimen tributario especial. A los call centers, consultoría, biotecnología y servicios se ha agregado una última apuesta: las industrias audiovisuales. El próximo éxito de taquilla latinoamericano podría ser posproducido aquí.