Daniel Servitje es un hombre ordenado y meticuloso, que parece estar concentrado y trabajando sus ideas en cada momento. Y no podría ser de otra manera en alguien que ha llevado a cabo una de las expansiones empresariales más exitosas de América Latina en la última década.
Era 2009 y la economía mundial estaba sumida en la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Servitje no se amilanó. Salió a conquistar el mercado estadounidense, colocó la marca de Grupo Bimbo en el difícil mercado chino, la recuperó en España y Portugal y se lanzó tras el control del pan empaquetado en Sudamérica. Todo en una sola jugada.
Si estas decisiones estratégicas fueran las de un jugador de fútbol, sería como ver a Maradona tomar el balón antes de la media cancha y avanzar a toda velocidad, quitándose a los adversarios como si estuvieran de ornato, hasta anotar un gol como el que anotó a Inglaterra en el Mundial de México.
Servitje fue forjado a la antigua, como se estila en las empresas familiares. Quienes lo conocen dan fe: empezó desde abajo, amasando el pan en la línea de producción, y que conoció todos los puestos de la cadena antes de terminar su carrera en administración de empresas en la Universidad Iberoamericana.
Tomó las riendas de Bimbo tras terminar su maestría en la Universidad de Stanford, en 1997. Sus primeros pasos consistieron en modernizar la empresa y luego dar inicio a la expansión internacional. Hoy Bimbo llega a 19 países y, tras las últimas adquisiciones, aumentó 51% el número de sus plantas de producción; pasó de tener 43.000 rutas de distribución a 50.300, mientras que sus ventas aumentaron de US$ 9.750 millones a US$12.330. Un logro que seguramente Lorenzo Servitje imaginó cuando él y su hermano Roberto dejaron la empresa en manos del menor de sus hijos.
Daniel siempre se expresa con admiración y cariño de su padre. De él, ha asegurado en diversas entrevistas, aprendió los valores y lo que ahora se conoce como responsabilidad social. “Por la situación privilegiada en la que estábamos, teníamos una responsabilidad con los demás y, bueno, son valores que veía en la familia y los veía también que los llevaba al trabajo”, declaró Daniel Servitje a la revista Líderes Mexicanos en 2009.
Esos valores se suman a los desarrollados por el propio Daniel, quien ha dicho en decenas de conferencias y mesas redondas en universidades y organizaciones, que los grandes retos de México son el estado de derecho, la transparencia en los órganos de gobierno, la exigencia de un gasto eficiente y la formalización de la economía. Pero, sobre todo, la necesidad de aumentar la calidad de la educación, un rubro en el que el país deja mucho que desear.