Alternativas Energéticas
imágen interior

Besos con tizne negro

Precios baratos y mejoras tecnológicas hacen que la generación eléctrica vía carbón esté más fuerte que nunca. Y que Colombia se monte sobre ese boom.


Rodrigo Lara Serrano

Si de carbón se trata, todavía vivimos en la era victoriana. Somos steam-punk, el género literario de anticipación que imagina un mundo donde todo funciona a vapor, sin saberlo. El año pasado la producción total planetaria de carbón fue de 7.227 millones de toneladas. La de cobre, en cambio, alcanzó 16,1 millones de toneladas. Y no se trata de comparar peras con manzanas: “La participación en la producción mundial de electricidad mediante el uso de carbón en promedio para 1973 fue de 38,3%, para 2006 había subido significativamente a 41% y se espera que alcance 44% para 2015”, dice el geólogo Robert Bruce-Wallace, geólogo y doctor en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México, en su paper “El carbón en México”. Para agregar, luego, que “la estimación de la EIA del crecimiento de la electricidad generada por carbón es un asombroso 4,2% anual para el período 2005-2015”. Hoy el 49% de toda la generación eléctrica de EE.UU. proviene de él.

Así, mientras los medios muestran parques eólicos que surgen en América Latina y en todo el mundo, la realidad es algo más “sucia”, ya que muchos países optan en silencio por centrales termoeléctricas que operan con carbón. Colombia es el país de la región más favorecido. El año pasado su extracción se elevó un 14% a 84,6 millones de toneladas, por un valor de US$ 7.640 millones, siendo su consumo interno de cerca de 8 millones. Gobierno y mineras se preparan para llegar a 120 millones en 2014 y fantasean con los 150 millones en 2019. “Tenemos grandes reservas de uno de los mejores carbones del mundo”, dice Jaime Olivella, presidente de Fenalcarbón (Federación Nacional de Productores de Carbón). Para el ejecutivo, es la fuente de energía del futuro: “Es la más fácil, la más barata. No hay petróleo ni gas suficiente. Lo único que nos da seguridad en los próximos 50 años es el carbón”.

En Argentina, el economista Enrique Dentice, coordinador de investigación económica en la Universidad de San Martín, cree que “deberíamos continuar la tradición que sigue Sudáfrica, que genera su electricidad con carbón porque tienen ese recurso abundantemente”. La compañía sudafricana Sasol se ha especializado en la tecnología CTL (Coal to Fuel), que Olivella celebra al decir que “en Colombia ya están poniendo la primera planta de carbón líquido, una empresa europea; eso quiere decir que va a reemplazar la gasolina”. Bruce-Wallace matiza, “aunque la tecnología Fischer-Tropsch para convertir el carbón a gas y luego usar el gas para hacer combustibles sintéticos se ha conocido desde la década de 1920, el proceso de CTL es muy caro y altamente contaminante”. Una de las soluciones planteadas es usar tecnologías de captura o secuestro de CO2 o mezcla con producción de biomasa, para evitar que el gas escape a la atmósfera. No obstante, el tema es más complejo: la minería subterránea de carbón libera, igualmente, gas metano, otro gas de efecto invernadero, lo cual hace más difícil “limpiar” la electricidad producida por este combustible. Para quien piensa que el cambio climático es un problema que ya verán cómo lo resuelven sus nietos, construir plantas eléctricas a carbón es un gran momento. Y rentable. Los precios del combustible cayeron al 50%, en 2011, en Europa, por ejemplo, pero la demanda se mantiene allí fuerte para los carbones de alta calidad de EE.UU. y Europa cotizados en cerca de US$ 100 la tonelada. Algunos analistas predicen que en 2022 la oferta tradicional no podrá satisfacer la demanda, con lo cual Rusia y Colombia serán los nuevos grandes jugadores en un mundo más caluroso.