Guido Mantega, ministro de Hacienda de Brasil
“La teoría de la burbuja no se confirma en Brasil”
Brasil está de moda. El gigante sudamericano, el quinto país más grande del mundo en territorio y población, se metió de lleno en 2009 en la agenda de grandes temas globales: desde el cambio climático, las negociaciones para liberar el comercio global hasta las olimpiadas.
Pero el objetivo del presidente Lula da Silva de transformar a su país en un actor global no habría sido creíble si no hubiese sido por el saludable comportamiento económico del país en medio de la crisis. Pese a no crecer, logró manejarse de manera envidiable gracias al dinamismo interno. Hoy Brasil, con cuentas en orden, es uno de los países mejor posicionados para capitalizar en la etapa de la recuperación económica. Guido Mantega, el ministro de Hacienda de Brasil, responde a Solange Monteiro, editora ejecutiva de AméricaEconomía en Brasil, sus preguntas sobre la gestión de las finanzas públicas en 2009 y los desafíos que vienen.
Brasil aplicó una política económica anticíclica que fue reconocida en todo el mundo por sus resultados. ¿Cuál fue el elemento más importante en este proceso?
Brasil entró en la crisis con una economía fuerte gracias al dinamismo del período 2003 a 2008 en que no acumulamos desequilibrios económicos. Esos fuertes fundamentos nos permitieron adoptar medidas contracíclicas y reducir los impactos de la crisis financiera mundial, especialmente en las cadenas de producción que generan más empleo en el país, como la construcción, el sector automotor, bienes de consumo durables, bienes de capital y la agricultura.
Otro punto destacable es que hicimos política anticíclica con responsabilidad fiscal. A pesar de las medidas para estimular el consumo, con un rápido restablecimiento del crédito, la inflación se mantuvo bajo control, por lo que cerraremos 2009 con una tasa por debajo del centro de la meta (4,5%).Por otra parte, las tasas de interés se mantuvieron en un nivel satisfactorio, que también es bueno para la economía.
El tercer punto importante en este proceso fue la reducción de la vulnerabilidad externa. En el pasado, cualquier turbulencia, cualquier estornudo, afectaba la economía brasileña, cancelando el crecimiento. Hoy en día, la vulnerabilidad externa es baja, lo que nos entrega las condiciones para continuar el ciclo de crecimiento sostenible, sin promover desequilibrios. Por último, cabe destacar que el costo de las políticas contracíclicas en Brasil fue menor que en otros países.
No obstante, ha habido un alza en el endeudamiento estatal. ¿Cómo conducir este proceso para que no se convierta en un problema de futuro?
El incremento de la deuda brasileña fue mucho menor que el de otros países. Estamos hablando de un 2%, frente al 50% de EE.UU. Por otra parte, nuestro déficit nominal en 2009 será uno de los más bajos entre los países del G-20. La situación de la deuda neta del sector público está bajo control. El año pasado bajó a 36% del PIB, incluso en un entorno de alta volatilidad.
Esta gestión de la deuda permite que el Tesoro Nacional tenga una gestión más prudente, evitando refinanciarse a precios mucho más bajos. La gestión de la deuda redujo significativamente su riesgo, permitiendo que Brasil pase por estas crisis externas con resultados positivos. Este año, incluso con la acción cíclica en la lucha contra la crisis, lo vamos a terminar con el mejor desempeño fiscal del G-20.
¿Y los planes de inversión no generarán más deuda?
La expansión de la inversión es un objetivo del gobierno federal para consolidar el crecimiento económico del país en la post-crisis. La idea es que, con las medidas fiscales adoptadas, con las exoneraciones de impuestos, la inversión en Brasil volverá a crecer entre 15% a 20% anual a partir de 2010. Con esto, se asegura una mayor oferta de productos en la economía brasileña, atendiendo a la demanda interna, sin interferir con el comportamiento de las tasas de interés.
Reducir los costos financieros y los impuestos es esencial para la inversión y el crecimiento del país. Sin embargo, eso no implica aumentar el endeudamiento, porque hay una serie de proyectos para dar continuidad a las inversiones, como la explotación de la capa pre-sal, la Copa del Mundo de 2014, el programa Mi Casa Mi Vida, los Juegos Olímpicos de 2016 y el tren de alta velocidad. Esto nos da un horizonte muy fuerte para la economía y la perspectiva de mayores ingresos.
El premio Nobel Paul Krugman y otros analistas han comentado por estos días que un fuerte incremento del mercado de valores y el aumento del flujo de capital extranjero no tienen bases sustentables en el largo plazo y que se está alimentando una burbuja. ¿Qué piensa al respecto?
La teoría de la burbuja no se confirma en Brasil. El gobierno logró evitar una burbuja bursátil y la sobrevalorización del tipo de cambio. En octubre, cuando el gobierno decidió aplicar una tasa de 2% del impuesto sobre Operaciones Financieras (IOF) a la entrada de capital extranjero, el tipo de cambio fue de 1,70 real por dólar, con la perspectiva de una caída de R$ 1,60 o R$ 1,50, que sería muy malo para la economía brasileña. Conseguimos detener este proceso y dar estabilidad a la moneda, disminuyendo la volatilidad y la afluencia de capital extranjero. Así que no hay riesgo de una burbuja. Si es necesario tomaremos medidas adicionales para mantener la estabilidad.