Optimismo Contagioso
No obstante, el optimismo brasileño es contagioso. Pregúntenles si no a los uruguayos y a los argentinos, quienes han visto su economía revitalizada en 2009 gracias a la mayor demanda brasileña y a los encadenamientos productivos que se han realizado. Eso explica parte del éxito del ministro uruguayo, Álvaro García (4º), cuyo país fue uno de los pocos que crecieron (0,6%) en 2009, sin tasas exageradas de inflación (7,5%), aunque con una deuda pública importante (59% del PIB en el primer semestre), pero según Coutiño, manejable.
Este efecto de Brasil también explica en parte por qué Argentina no es un caos. De tal modo, la no caída del mercado brasileño, sumado al rebote de los precios de los commodities, hacen que los serios y endémicos problemas macroeconómicos que debe enfrentar el ministro argentino de Finanzas, Amado Boudou, no se expresen en plenitud.
Así, Argentina tuvo un retroceso en el crecimiento moderado (-2,5%) y una inflación oficial que no es para atemorizarse (5,6%, aunque son muchos los cuestionamientos a la estadística oficial y algunas estimaciones la sitúan en 15%). No obstante, el sostén de esta aparente calma está socavando las bases de la inversión: Argentina ha optado por la peligrosa política de sostener el gasto mediante expropiaciones y alzas de impuestos que espantan a los inversionistas, en instancias en que el déficit fiscal está fuera de control.
Este panorama, según Bertrand Delgado, de RGE Monitor, representa “un desastre” que está por venir, aun cuando probablemente no estalle en 2010, dada la recuperación de los precios de los commodities. Un panorama que sí alcanzan a percibir los economistas consultados por AméricaEconomía, quienes situaron al ministro Boudou sólo en el puesto 13º.