Bolivia, El Aplicado Del Alba
Contra todo pronóstico, Bolivia fue uno de los países que mejor desempeño tuvo en el manejo de la crisis. El sorprendente crecimiento de 2,8% y la inflación de 4,3% son producto de políticas económicas moderadas. Y es que a diferencia de sus colegas de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que se han metido a realizar distintos experimentos en los mercados cambiarios, financieros e industriales, el ministro boliviano Luis Arce tomó un camino distinto: aprovechó el auge de precios internacional de sus minerales de exportación, ahorrando lo suficiente para aplicar medidas contracíclicas muy agresivas, que beneficiaron a sectores económicos intensivos en empleo, los que terminaron sosteniendo el consumo.
A juicio de Coutiño, el gobierno boliviano terminó convenciéndose de no adoptar las políticas de Venezuela, y luego de realizar, en los primeros años de mandato, algunas grandes nacionalizaciones; se evitó la tentación de seguir por esa vía. La gestión de Arce, no obstante, aún genera desconfianza en la comunidad internacional, que le dio la 9ª posición, pues se teme que en algún momento cambie su foco, tal como se anunció recientemente en el sector eléctrico.
Ecuador es un caso algo distinto. Según Coutiño, lo que está sucediendo es que el presidente Rafael Correa sostiene una política macroeconómica que se mueve en dos ejes aparentemente contradictorios. Mientras que su retórica es algo chavista, por lo que abundan las amenazas de expropiación y no pago de la deuda externa, las decisiones económicas prácticas terminan siendo relativamente razonables, en pro de buscar inversiones, lo que ha hecho, entre otras cosas, que la crisis no haya sido tan grave (crecimiento de -1%, inflación de 5% y un gasto alto, pero controlado). Una estrategia que de todos modos perjudica la inversión y, de paso, la evaluación de la ministra de Finanzas ecuatoriana, María Elsa Viteri (10º).
En cambio, lo que pasa en Venezuela, si bien no llega a ser un naufragio gracias al petróleo, está cerca. Dan cuenta de ello un crecimiento de -2%, inflación de 29,5%, un déficit fiscal difícil de calcular, pero que se estima es enorme, y una desinversión que avanza a pasos tan agigantados como el ritmo del gasto. Según Alfredo Coutiño, “esto redundará en una situación más o menos crónica de recesión que se prolongará en 2010”, sin que se vea voluntad para hacer la reducción del gasto que las circunstancias ameritan. Por eso es que el ministro de Finanzas venezolano, Alí Rodríguez, obtiene el último lugar de la tabla (15º).
Aunque los que conocen de cerca a Rodríguez destacan sus conocimientos técnicos, la política de nacionalizaciones del gobierno de Hugo Chávez, las arbitrarias intervenciones en la economía, la poca sustentabilidad del sistema cambiario y la desconfianza que se ha generado en torno al sistema bancario, no permiten evaluar bien la gestión financiera del país. La fortaleza de Pdvsa, la estatal petrolera, y su persistente capacidad de generación de divisas, permiten al Estado venezolano confiar en su capacidad de pago pese al incremento de sus pasivos, su alta inflación y la debilidad del sector privado.
Mojados, pero en cubierta. Gran parte de los capitanes de las finanzas públicas y responsables principales de la política económica cambiarán en sus cargos durante 2010 por procesos eleccionarios, pero la conducción seguirá el rumbo. Hasta el momento han destacado por su capacidad de maniobra, aprendida por la experiencia en muchas tormentas anteriores. La verdadera prueba, no obstante, podría estar por venir. En 2010, si la recuperación económica no es lo suficientemente rápida o se acentúan los desbalances que enfrentan las economías desarrolladas, se podría entrar en una segunda crisis. La calma actual podría tratarse simplemente del ojo del huracán, por lo que hay que seguir muy atento al horizonte.